Entre algoritmos y primates: el ser humano cuestiona su singularidad
Resumen
La creencia en la singularidad vertical de la especie humana con respecto a otras especies animadas, más que ser el resultado de una postura filosófica, ha sido, al menos hasta el día de hoy, una algo compartido, compartida e inmediato. Nosotros, como humanos, nos distinguiríamos por nuestra capacidad de razonar (lagos) como expresión de nuestra habilidad para decir (legein), luego decidir, eligiendo entre diversas alternativas; en resumen, nos distinguiríamos por nuestra inteligencia única, como creadores de juicios cognitivos, éticos y estéticos (que Kant atribuyó a diferentes formas de activación del espíritu humano). Esta jerarquía se extendía con mayor razón a las plantas, como seres vivos que, sin embargo, se consideraban desprovistos de ánima, e incluso más a las cosas inanimadas. Siendo así, resulta interesante que, tras innumerables debates que la comparan con la inteligencia animal, nuestra singularidad parezca cuestionarse con respecto a la materia inerte, materia que es incapaz de actuar por sí misma, pero de la cual están hechas.
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